Antecedentes

El interés por la Arqueología y las culturas de la Antigüedad se impulsa en el Bajo Aragón gracias a la actividad de los miembros del Boletín de Geografía e Historia del Bajo Aragón, que poseían conocimientos y recursos personales para dedicarse al estudio. Por ellos, las primeras décadas del siglo XX se llenan de actividades prospectoras y de excavación de yacimientos, a cuenta de expertos nacionales y extranjeros – Bosch Gimpera, Juan Cabré, Henri Breuil, Pierre Paris y otros-, apoyados por el Institut d´Estudis Catalans, por la Institución patrocinada por el Estado francés Casa de Velázquez, de Madrid y por eruditos locales como Santiago Vidiella, Lorenzo Pérez Temprado y otros. Así comienza el estudio sistemático de la Prehistoria e Historia Antigua de las tierras del Bajo Aragón y Matarraña, encuadradas en las etapas del Hierro I y Hierro II, respectivamente. Afloran al conocimiento de todos numerosos yacimientos, como los del término municipal de Caspe, de Mazaleón, Calaceite y Alcañiz, que se encuadran en la Primera etapa del Hierro. Se conocen los conjuntos de enterramientos tumulares y adquiere una nueva dimensión la interpretación histórica de una fase, previa al desarrollo del mundo ibérico, que recibe aportaciones de otros pueblos transpirenaicos, como los denominados de los Campos de Urnas, que llegan hasta el Valle Medio del Ebro.

Pues bien, con esta corriente de personas volcadas al estudio de nuestro pasado más remoto, tan importante para la Prehistoria de estas tierras, enlazan, ya en los años setenta y ochenta del siglo pasado, una serie de investigadores que configuran el Centro de Estudios Caspolinos, adscrito a la Institución Fernando el Católico, de la Diputación Provincial de Zaragoza, el grupo GEMA del Mas de las Matas y otros profesores de diferentes Universidades. Todos ellos dinamizarán el estudio de los yacimientos conocidos, con revisiones y actualizaciones del estado de la cuestión, y descubrirán nuevas estaciones que aportarán un mapa más exacto de lo que pudo ser la vida y cultura de las poblaciones de estos territorios durante la I Edad del Hierro.

Los investigadores Andrés Álvarez, Juan Javier Enríquez y Javier Alom forman parte de este grupo, extendiendo sus estudios a zonas más interiores y marginales de los puntos tradicionalmente conocidos. Así, inician una serie de prospecciones y excavaciones arqueológicas en los valles del Alchoza y Guadalopillo, cuyos frutos se manifiestan en este caso concreto, en el yacimiento de Fila de La Muela, de Alcorisa (Teruel).

Marco geográfico general

Una vez que el río Guadalopillo ha recorrido el núcleo urbano de Alcorisa, la depresión se ensancha. Las aguas, que ya han bajado un buen trecho drenando una parte del escalón tectónico Montalbán-Ejulve, se encaminan hacia el paraje de la Vega para acabar en la confluencia con el Guadalope, en Calanda. La gran depresión que atraviesa, cuya parte final se inserta en el anticlinal de Calanda, del que forma parte la Sierra de la Galga, en el área de Valdecuén, es un territorio muy apto para el desarrollo de los pobladores prehistóricos: el clima se ha dulcificado, la vegetación es bondadosa con el hombre y el agua es abundante, por la capa freática que proporcionan numerosos pozos y balsas. En este recorrido, hay un punto muy importante: la confluencia del río Alchoza con el Guadalopillo, por donde se canalizan los pasos naturales hacia el valle del primero- área de yacimientos arqueológicos interesantes para la etapa prehistórica del Hierro I, como el Mas del Hambre y el Pozo del Salto- y que permite también enlazar con los yacimientos de la depresión donde se encuentra el cerro de San Cristóbal, en la Mata de los Olmos, y el paso a las tierras del actual núcleo de Andorra, en la cuenca del Regallo. Cerca de esa confluencia se encuentra el yacimiento de La Fila de la Muela.

Ubicación y naturaleza del yacimiento

Término Municipal de Alcorisa (Teruel). A dos kilómetros de distancia del núcleo urbano.

Mapa 1/50.000, hoja 494.

Acceso por el Camino de la Huerta.

Descubierto por el investigador Andrés Álvarez, en agosto de 1979, con motivo de una exhaustiva prospección. La importancia del establecimiento se conoció rápidamente por las características extraordinarias de los hallazgos habidos a nivel superficial: una grande y hermosa espada de antenas, que se conserva en el Museo Provincial de Teruel.

Necrópolis de incineración, con posible hábitat.

Adscrito a la etapa cultural del HIERRO I

Geografía física del asentamiento

Se trata de una loma alargada, de apariencia aislada cuando se ve desde el río o desde la carretera hacia Alcañiz; perfectamente identificable, con una pequeña meseta, entre los ríos Alchoza y Guadalopillo, a 650 metros sobre el nivel del mar. Su acceso es fácil, especialmente por la vertiente S. La meseta de la cumbre se encuentra muy erosionada por las prolongadas actividades agrícolas y la formación de los suelos se compone de arcillas, mezcladas con materiales calizos.

La loma amesetada participa de las características climáticas, edáficas y de vegetación propias de un clima mediterráneo continentalizado, con escasez de precipitaciones y una vegetación en la que están presente los árboles de ribera, así como los cultivos del olivo y del almendro. El yacimiento ofrece una vegetación raquítica, propia de un espacio muy erosionado, donde predomina el tomillo, el romero y otras plantas arbustivas poco desarrolladas.

Investigaciones realizadas

El año 1979, se desarrollaron dos campañas de excavación, con carácter de urgencia, que duraron 22 días en total. Corrieron a cargo del investigador descubridor Andrés Álvarez y su equipo, J.J. Enríquez y J, Alom.

Las excavaciones fueron financiadas por el Museo Provincial, de la Diputación de Teruel y los materiales se depositaron en el mismo, pasando a ser varios de ellos una parte importante de la exposición permanente de la Institución.

Desarrollo de los trabajos: estratos, materiales y estructuras del yacimiento

La llamada de atención ante las posibilidades informativas del yacimiento apareció al encontrarse en la prospección superficial una espada de antenas, fragmentada pero entera, y un brazalete decorado, así como fragmentos de cerámicas a mano, decoradas con cordones, tanto lisos como con impresiones digitales. También otros fragmentos con diferentes impresiones y superficie muy espatulada. Con estos precedentes, se inicia la campaña de excavación, seguida por otra segunda en fechas cercanas adoptándose una serie de medidas para obtener los mejores registros posibles.

Se decide configurar dos sondeos; uno, en el lugar de aparición de los materiales y otro contiguo para buscar la existencia de estructuras. En la segunda campaña, se busca una ampliación en dirección S y se realizan dos sondeos más, de un metro de lado, en el sector N.

Estratos:

  1. Superficial, con tierra apelmazada, rojizo-marrón y caliza,
  2. Aparecen tierras con manchas negras, carboncillos y bolsas de ceniza localizadas. Es el más fértil en materiales.
  3. De 3-4 cm de espesor, suelo de caolín blanco, fino, y suelo natural.

Aparece un solo nivel de ocupación, erosionado por los trabajos agrícolas y con una gran dispersión de los materiales.

Buscando las posibles estructuras, aparecen tres muros, paredes laterales de una casa y un muro de apoyo. Están hechas con un zócalo de lajas y tapial. El interior es de cantos rodados y lajas.

Materiales: Resumiendo los materiales encontrados en todos los sectores estudiados, aparecen bordes convexos, de labio saliente; formas globulares, con cuellos cóncavos; paredes rectas, cuello corto; bordes rectos y cóncavos; cuencos y tapaderas. También

fondos de vasijas, planos. Como materiales excepcionales, nos referiremos a fragmentos de una vasija procedente del sondeo número dos, constituidos por un gran cuello y un asa sujeta al mismo, con dos ramificaciones aplicadas en forma de manos, con los dedos en trazos acanalados, como si sostuvieran el labio de la boca de la vasija. Los excavadores buscan relaciones con esta vasija tan singular y que no se conoce en el occidente europeo. Las encuentran en Europa central, con orígenes en la etapa cultural del Bronce Medio.

En cuanto a las decoraciones, las más frecuentes son líneas incisas, paralelas, surcos acanalados profundos, cordones aplicados, con incisiones y ungulados. También aparecieron varios fragmentos cerámicos a torno. En relación con la cocción de la cerámica, destacan dos formas diferentes, identificadas por la coloración de las pastas.

Como materiales líticos, aparecen alisadores de cuarcita y arenisca.

Un aspecto importante del estudio de los materiales cerámicos es la constatación de un sustrato local importante, de la Edad del Bronce, deduciendo de ello la importancia de la evolución local más que los influjos ultrapirenaicos que la población pudo tener.

En cuanto a la espada de antenas, se valora como un exponente ajeno a la metalurgia de la zona, manifestando una influencia y parecido con los tipos de ejemplares encontrados en Suiza o con la hallada en Candasnos, existente en el Museo Arqueológico Nacional. La cronología que se fija para esta pieza es entre el 540 y 450 a.C.

Clasificación cultural y cronología

Los investigadores establecen una serie de fases, correspondientes a una evolución cultural del yacimiento, con una cronología concreta, comparada lo con los materiales de otros contextos geográficos. Así tenemos:

Primera fase: 1100 y 950 a. C. Fase de los Campos de Urnas Antiguos, como se constata en El Morenillo de Alcorisa,

Segunda fase: Con aparición de piezas cerámicas altas, de cuello cilíndrico o troncocónico y borde convexo diferenciado.

Tercera fase: Con materiales como los de La Cerrada de Andorra. Aparecen decoraciones esquemáticas, acanalada de ciervos, con paralelos en Sena y Cabezo Monleón. Un estadio avanzado de esta fase sería la Loma de los Brunos de Caspe, con la presencia fuerte de elementos del Bronce a la vez que otros difusos de los Campos de Urnas. Esta fase se cifra entre los siglos VIII y VII antes de C.

Cuarta fase: Entre los siglos 700-600 antes de C. y muy bien representada en la Fila de la Muela. Es cuando aparece el hierro como elemento importante, desarrollándose su utilización, a nivel local, durante el siglo VII y VI antes de C.

A partir del 650 y hasta el 500 antes de C., se simplifican las decoraciones propias de los Campos de Urnas, predominando las formas sencillas y las cerámicas lisas.

Valoraciones y conclusiones

Son muy interesantes las conclusiones que del estudio de este yacimiento se pueden extraer, principalmente para conocer la evolución de los elementos culturales locales ante las influencias del exterior. Así, se concluye la presencia de un Bronce local tardío, desarrollado en la zona. También la influencia de los Campos de Urnas – visible en este yacimiento en el brazalete encontrado en el estrato superficial.

En cuanto a la presencia de corrientes exóticas, los investigadores las extraen de la presencia de la vasija con las manos aplicadas, buscando una influencia de los grupos de Campos de Urnas de Europa Central.

Otro aspecto de sumo interés, es el seguimiento de la introducción de la metalurgia del hierro en el Valle del Ebro. Los excavadores pueden analizar este aspecto por la presencia en el yacimiento de un 26 por ciento de hierro, entre los materiales metálicos encontrados. Comparados varios autores, Maya la sitúa en el siglo VIII a. C, mientras Martín Costea y Ruiz Zapatero rebajan las fechas a mediados del siglo VII y a lo largo del siglo VI. Para Álvarez y su equipo, la presencia del hierro en las poblaciones del valle medio del Ebro se cifra entre los siglos VIII y VII a. C, siendo a finales de este siglo cuando empiezan a disfrutar de este mineral las poblaciones autóctonas del valle.

La importancia de este yacimiento viene expresada en las palabras de sus investigadores: “Fila de la Muela es un ejemplo que nos ilustra la gran complejidad de la cultura de los Campos de Urnas en esta zona, donde se ha podido seguir la continuidad del hábitat desde los momentos finales del Neolítico hasta la época ibérica” (pág. 82 del informe que sobre la excavación eleva).

Bibliografía

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ESCUDERO, F. de A., ÁLVAREZ, A. (1979): “Mas del Hambre. Un poblado de la Iª Edad del Hierro”. Bajo Aragón Prehistoria I, pp 17-34.

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ÁLVAREZ, A. (1981): Carta arqueológica del Valle del Alchoza, (Memoria de licenciatura), Zaragoza.

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RUIZ ZAPATERO, G. (1979): “El Roquizal del Rullo: Aproximación a la secuencia cultural y cronológica de los Campos de Urnas del Bajo Aragón”. Trabajos de Prehistoria, vol. 36 pp 247-287

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